jueves, 16 de septiembre de 2021

La imposición del catalán en Baleares

Ayer me encontré con este interesante artículo del Diario de Mallorca.

No podría ser de más actualidad. Son cosas que pasan cuando se utiliza le lengua para hacer política. Para dividir en vez de para comunicar. 


No seré yo el que niegue la potestad de los legisladores de decidir lo que se habla en una comunidad a golpe de decreto. Es más, reconozco que para ellos es muy práctico, pero reconocedme vosotros a mí que en determinadas circunstancias no es muy lógico.

Ley por ley, la Constitución Española dice que todos tenemos la obligación de conocer el castellano y el derecho a usarlo. También debemos recordar que la Constitución tiene un rango superior a las otras leyes y con esto no quiero propiciar una guerra legal, sólo decir que es mucho mejor tirar de sentido común que de leyes y que solo debemos recurrir a éstas cuando el sentido común falle, cosa muy frecuente últimamente.

Las lenguas se hablan, crecen y prosperan en función de su utilidad práctica. Pragmática dicen los lingüistas.

Luchar contra esa pertinaz tendencia de las lenguas a autogestionarse lleva a la frustración a muchos políticos que se empeñan en negar la realidad de la situación. Tomemos el ejemplo de Baleares. Vayamos al episodio más duro, por lo menos al que más podemos tener en la memoria, porque lo hayamos vivido o nos lo hayan contado nuestros padres o nuestros abuelos. Sí, me refiero al franquismo. Siento ser pesado.

En esa época el fascismo impuso la lengua oficial sobre la de Baleares. La administración, la documentación oficial, la educación, los nombres de las calles… en fin, todo lo que no fuese la intimidad de la vida familiar, se hacía obligatoriamente en español imperial. Y si alguien cometía el desliz de dirigirse a la autoridad en mallorquín podía recibir una reprimenda al grito de “¡Aquí se habla en cristiano!” Incluso me han contado que las monjas de algunos colegios le quitaban el bocadillo a los niños, como castigo, si les escuchaban hablar en mallorquín. Y sí, digo mallorquín, por si os va dando algo que pensar.

Bueno, volved a respirar tranquilos, todo eso ya pasó. ¿Y qué consiguió? ¿La gente olvidó su manera de hablar tradicional? No, la gente seguía hablando su lengua. Y cuando se instauró la democracia había un ansia por recuperar el tiempo perdido y unas enormes ganas de utilizar esa lengua en los espacios hasta entonces vetados. Administración, educación… etc. Es más, algunos acabaron esa época con distintos grados de odio hacia el idioma oficial que les impusieron. Resumiendo, cuarenta años de imposición lingüística no sólo no funcionaron sino que tuvieron un efecto contrario.

Pero bueno, eso fue en nuestra etapa fascista. Ahora en la democracia lo llevamos mucho mejor ¿no? Analicemos nuestra historia reciente.

- En 1983 se aprueba el Estatuto de Autonomía. En él se dice que la lengua propia de Baleares es el catalán “¡¿Eh?!” Conste que esta exclamación de extrañeza no es mía, es lo que oí decir a muchos amigos mallorquines, que incluso la acompañaban de diversas interjecciones malsonantes, que por cierto son las primeras expresiones que aprendí en la insular lengua vernácula.

Mirad lo que dice Jaume Santandreu (Documental Illes en transició, IB3) sobre una manifestación de la época.



También se dice en el estatuto que ésta es una comunidad bilingüe y que nadie puede ser discriminado por razón de la lengua que use. Ni una, ni otra ¿vale? Ni una, ni otra.

- En 1986 se promulga la Ley de Normalización Lingüística y… la cosa se empieza a complicar. Aquí podéis leer unos comentarios sobre dicha ley. Según ella, la administración se comunicará fundamentalmente en catalán. Es por eso que, por ejemplo, todos los anuncios de la pandemia se hacen sólo en catalán. Todas las comunicaciones del Govern en medios de comunicación y redes sociales se hacen sólo en catalán. O, yendo a la administración local, los programas de actividades del Ajuntament de Palma se publican sólo en catalán. Probablemente los de tu ayuntamiento también.

Pero, esto… ¿no quedamos antes que no se iba a discriminar a nadie por razón de la lengua que use? Si todos los anuncios de la administración en prensa, radio, televisión y redes sociales son sólo en catalán ¿no se está discriminando a los castellanohablantes?

- En 1997, gobernando Jaume Matas (PP), se aprobó un decreto de mínimos que dictaba que el número de horas de catalán debía ser "como mínimo igual" al de castellano. Da la sensación que es una norma equilibrada ¿no?, es como si hablase del cincuenta por ciento para cada uno. Parece justo. Pero no hay que ser muy astuto para darse cuenta de una cosa, si se fija un mínimo pero no un máximo, nada implica que conseller de Educació de turno se venga arriba y diga que toda la educación es en catalán, que es lo que ha pasado ahora cuando se han juntado el gobierno más radical de Baleares con el más débil de España.

Recordemos que en el estatuto se dice que nadie será discriminado por razón de la lengua que use. No, por si se os ha olvidado.

- En 2018 se publica el Decreto de Lenguas y según él todos los empleados públicos deben conocer las dos lenguas, aunque en realidad lo que fija son unos niveles determinados de catalán.

Según el decreto, los empleados públicos deben iniciar de forma prioritaria la conversación con un ciudadano o paciente en catalán.

El Govern debe adoptar las medidas necesarias para que todo el personal de la Comunidad pueda atender al público en las dos lenguas oficiales. Medidas que por supuesto incluyen el hecho de que se tengan en cuenta las competencias lingüísticas en catalán a la hora de contratación y promoción.

Llegado a este punto he de decir que para un puesto de recepcionista me parece genial que entre sus habilidades se incluyan las lingüísticas en catalán. Para un sanitario, un músico o… un enterrador, tal exigencia me parece una estupidez. Mérito sí, requisito no.

Pero es más, dando esas exigencias por buenas. En una situación de emergencia, en una pandemia, cuando hay falta de personal, deficiencias en la fidelización del personal que tenemos, exigir un determinado nivel de catalán me parece una conducta negligente y que va en perjuicio de todos los ciudadanos. Bueno, pero ¿qué podemos esperar de un gobierno que todos los anuncios y consejos de la pandemia los hace sólo en catalán? Resulta sorprendente que la administración exija a sus empleados competencias en las dos lenguas, pero que ella sólo se exprese en catalán. ¿Cómo queda ahora lo de la discriminación? De la crispación mejor no hablo.

Bien, entonces ¿cuál es la situación lingüística de nuestra comunidad? Pues un poco rarita. Empieza en 1983 diciendo que nadie será discriminado por razón de su lengua y llega ahora a perseguir a los sanitarios que no hablen catalán. En plena pandemia.

Bueno no seamos pesimistas. Pensemos que vivimos en una democracia y tenemos un gobierno que hemos votado, no como en la época del franquismo. Entonces se imponía en la administración un idioma que no era el de la mayoría de la población y en cambio ahora… Vale, debe ser una coincidencia. Olvidémoslo.

Educación. Ahí sí que hay una gran diferencia. Durante el franquismo se impuso una lengua que no era la que casi toda la gente hablaba en su casa, en cambio ahora… ¡joder! Olvida eso también.

Bueno, pero ahora no castigan a los niños si les escuchan hablar en castellano. Aunque, el que haya “ONGs” que vigilan el idioma que hablan en el patio no debería de preocuparnos mucho ¿O sí?

Y bueno, durante el franquismo había un vergonzoso adoctrinamiento político en los colegios en cambio ahora… Països Catalans. Vale, olvidemos eso también.

Durante el franquismo hasta se cambiaban los nombres de las calles, quitando todos los que estaban en mallorquín, en cambio ahora… ¡cagüen sa puta! Bórralo también.

Y bueno, si alguien se ha sentido alguna vez molesto porque le han dicho “¡Habla en cristiano!”, por si le sirve de consuelo le diré que quizás a mí me hayan dicho más veces “¡puto foraster!”

En fin, resumiendo, gente borde hay en todas partes y no conviene poner la mano en el fuego por nadie.

Si quieres entenderte, te entiendes.

Los que quieren utilizar el idioma como arma política y de diferenciación tienen un serio problema.

El bilingüismo es un lujo, no una amenaza. Pueden convivir perfectamente las dos lenguas sin imponer la una a la otra y si se pretende que todos los ciudadanos hablen las dos lenguas, una pista, las imposiciones no funcionan.

El otro día fui a un comercio en Palma en el que tienen el catalán como un valor añadido. Hacen gala de ello y tienen una clientela que se siente a gusto así. Bien, sin problemas, con no volver lo tengo claro. Es un comercio particular y pueden hacer lo que quieran. No se me ocurre ni denunciarles en redes ni elevar una queja a la Oficina de Defensa dels Drets Lingüístics porque toda la rotulación estuviese en catalán e inglés y nada en castellano. Si fuese al revés ya habrían recibido varias quejas y si fuese al revés esa oficina les haría caso.

Para fomentar el catalán no es buena idea hacerlo atacando el castellano y los métodos franquistas no funcionan. No funcionaron entonces y mucho menos ahora.

Asociar subvenciones a imposiciones tampoco funciona. En cuatro años se han pasado de diez millones de hablantes a poco más de siete. Por cierto, tampoco es conveniente utilizar esto para fomentar el victimismo. Quizás convendría pensar en un cambio de táctica ¿no?

Yo vine a trabajar a Mallorca antes del Estatuto de Autonomía. A los pocos meses ya hablaba mallorquín con cierta fluidez y mucho antes lo entendía. Practicarlo con mis amigos y compañeros fue casi un juego bastante agradable. Nadie me obligaba pero lo hice por placer. Si me llego a encontrar una situación como ahora no creo que hubiese aprendido catalán con la misma facilidad. No me gusta que me obliguen a hacer las cosas y coopero poco cuando me presionan.

Y por último hacer las cosas de forma legal no sirve si las leyes son claramente discriminatorias. A partir de la Ley de Normalización Lingüística no hay ninguna que trate de manera igualitaria a las dos lenguas cooficiales de Baleares y por tanto a sus hablantes. La discriminación, aunque se disfrace de positiva, no funciona y esa manera de hacer las cosas no es demócrata ni progresista, si le quieren poner un nombre tendrán que remontarse algunos años atrás, ochenta años concretamente.


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