martes, 30 de noviembre de 2021

Inmersión, imposición y perversión lingüística

Os recomiendo leer este interesante artículo de ABC y reflexionar sobre él.

Cierto es que el entusiasmo por el “procés” hace tiempo que desapareció, pero con entusiasmo o sin él, el “prusés” va a ser algo que siempre va a estar ahí. Nos tenemos que acostumbrar a ello, como al coronavirus.

De vez en cuando aparecerán nuevas cepas para recordarnos que sigue ahí, que no podemos relajarnos.

El victimismo lingüístico es una de esas cepas. No es nada nuevo, pero lo sacan a relucir cada vez que la situación empeora.

Lo han utilizado muchas veces para justificar la discriminación del castellano y... siempre funciona. Siempre encuentran acomplejados que, presa del miedo, se convierten en opresores. En gente que impone el catalán y discrimina el castellano como único sistema de defender la “lengua propia”. ¡Qué fácil es manipular usando el miedo!

El miedo es irracional y no responde a los argumentos de la lógica, por eso las personas, cuanto más acomplejadas y atemorizadas están, con más dureza aplican las medidas de imposición y discriminación. Es la única vía que se le ocurre a su mermado entendimiento.

Los pobres no se dan cuenta que así lo único que consiguen es generar odio. Que el catalán se vea como una lengua represiva y por contra el castellano como una lengua mucho menos problemática y bastante más útil.

Así el que dice sentirse oprimido se convierte en opresor.

Y como consecuencia de esa opresión, la lengua que defienden pierde cada vez más hablantes.

Y como consecuencia de esa pérdida de hablantes crece la alarma, aumenta el miedo y el victimismo.

Y como consecuencia de ese miedo se endurecen las reacciones, se aumenta la opresión.

Y... vueltas y más vueltas a un círculo vicioso en el que cada ciclo la situación empeora para todos. Para los catalanistas porque cada vez ven su lengua más rechazada. Para los castellanohablantes porque cada vez se ven más discriminados a pesar de ser mayoría.

¿Pero toda esta obsesión es por la lengua? ¿Por la cultura? Pues no, es por la política. Se está haciendo una utilización política de la lengua, dejando a un lado su función comunicadora para hacer énfasis en su función identitaria. Es decir, catalanes son todos los que hablan catalán y allí donde se habla catalán son los territorios que forman los “països catalans”.

Visto así se entiende mejor la obsesión por la “unitat de la llengua” y por qué detrás hay una intencionalidad política. Intencionalidad que muchos no asumirían porque ya hemos visto que la gente está bastante harta de todo lo que ello implica, pero que en cambio sí asume cuando piensa que están defendiendo su cultura, la de su pueblo, la de sus antepasados...

Esa es la nueva cepa para la que hay que desarrollar una vacuna. Aunque lo que ocurre es que la vacuna está totalmente desarrollada y se sabe cuál es. Ni más que hacer entender a la gente que nadie quiere atacar, apartar o erradicar el catalán. A la mayoría nos da igual en lo que quiera hablar cada uno, lo único que queremos es que nos dejen hablar castellano o catalán según queramos. Que ni queremos imponer lo nuestro, ni queremos que nos impongan lo suyo. Y que el mantra de “si no defendemos el catalán mediante la inmersión lingüística y haciendo que todo el mundo lo hable, acabará desapareciendo” es totalmente falso.

Para que el catalán perdure y progrese hay que lograr que la gente quiera hablarlo. Imponerlo es una manera más de ayudar a que desaparezca.

Permitidme que acabe con un símil. El idioma catalán forma parte de la cultura catalana. Y también forman parte el pan tumaca, la sardana o los castellers. Algunos políticos han decidido que la mejor manera de preservar el idioma catalán es obligar a todos a que lo hablen, porque si no se perderá. Es como si hiciesen obligatorio comer pan tumaca, bailar sardanas o hacer castells para que no se pierdan esas tradicionales formas de cultura.

Curiosamente esas formas de cultura no corren peligro de perderse porque aunque la gente come, baila o se entretiene como quiere, hay muchos a los que les encanta el pan tumaca, las sardanas o pasar los findes con su colla de castellers sin que nadie les obligue. Es más, si les obligasen probablemente lo aborrecerían.

Pues así todo.

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